martes, 27 de mayo de 2014

COMO AGUA PARA CHOCOLATE

Para hacer las tortas de Navidad, la cebolla tiene que estar finamente picada. Les sugiero ponerse un pequeño trozo de cebolla en la mollera con el fin de evitar el molesto lagrimeo que se produce cuando uno la está cortando. Lo malo de llorar cuando uno pica cebolla no es el simple hecho de llorar, sino que a veces uno empieza, como quien dice, se pica, y ya no puede parar. No sé si a ustedes les ha pasado pero a mí la mera verdad sí. Infinidad de veces. Mamá decía que era porque yo soy igual de sensible a la cebolla que Tita, mi tía abuela...

 Laura Esquivel

martes, 29 de abril de 2014

ROMANCE SONAMBULO



Verde que te quiero verde. 
Verde viento. Verde rama.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando 
y ella no puede mirarlas.
Verde que quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
                                                
                                                Federico Carcía Lorca


martes, 22 de abril de 2014

POEMA DE MIOSÍ

EPISODIO DEL LEÓN
En Valencia con los suyos vivía el Campeador; 
con él estaban sus yernos los Infantes de Carrión.
Un día que el Cid dormía en su escaño, sin temor,
un mal sobresaltó entonces, sabed, les aconteció:
Escapóse de una jaula, salieron fuera, un león.
Los que estaban en la Corte sintieron un gran temor;
recogiéronse sus mantos los del buen Campeador,
y rodean el escaño en guarda de su señor.
Allí Fernando  González, un Infante de Carrión...



martes, 11 de junio de 2013

ÁRBOLES MILENARIOS

Siempre he sentido fascinación por los grandes árboles, seres inabarcables capaces de cumplir 100, 500, 1.000 años y seguir creciendo y fructificando como si fueran jovencitos brinzales!. Seguramente es enviada por esa victoria sobre el tiempo. Quizá también sea admiración ante tan fieles testigos mudos de miles de nuestras grandes y pequeñas historias.




Pudo tener la culpa el ciprés de Silos, ese “ enhiesto surtidor de sombra y sueño” que conocí de niño y sigue siendo mi confidente, como lo fue de Gerardo Diego o de Unamuno.